El olor del olvido


A qué huele la nada, a qué huele la paz, qué olor tiene la vergüenza. Me pregunté absorto mientras tapaba mi nariz con la manga de mi buzo

Un joven yace en la base de un barranco, cercado de cintas amarillas, hombres de blanco procuran juntar en una bolsa negra su cuerpo desparramado, otros hombres de verde espantan hambrientos gallinazos negros, que sin culpa disipan por el valle el olor nauseabundo de su olvido. Moscardones verdeazulados y gusanos marrones, pululan su miserable rostro. Apiñados beben de sus cuencas como gacelas de pradera en verano, abajo junto a una roca, 2 ovejeros luchan por un fémur sin ligamentos.

Cucarrones niquelados se bañan de fluidos gástricos, otros mueren ahogados en sus intestinos gelatinosos que tiñen el verde pasto de aguasangre 

Desde una peña gente café, de ruanas blancas y ojos negros, murmullan la escena sonriendo, más arriba en la carretera sobre sus carros, gente blanca, de gafas oscuras, muy serias ven, huelen, vomitan y se van. 

Han pasado 2 semanas desde que su cuerpo aromatiza el mortecino paisaje del olvido, ningún panfleto en su búsqueda, ninguna cuña todos llegaron allí por el rumor de su olor. Todos saben quien lo trajo, pero nadie quien lo reclamará. 

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