Pensamientos de un enamorado desconocido.

¿Estás?
Llegué casi a rastras, he resbalado en el pastizal y creo que me he torcido el tobillo mientras corría de los perros desde tu portón; la noche está muy oscura, me pregunto si te importará lo que me pasó, aunque después de todo ya estoy frente a tu puerta, ahora no sé si tocar el aldabón.
Solo traje esto para ti, es un regalo, lo que te prometí; sabes que soy muy malo en aquello y siempre suelo demorarlo, pues no me considero bueno en escribir, ni mucho menos al amor. Soy muy plano es lo que dicen, a decir verdad es lo que creo de mí; jamás he escrito algo digno de sorprender o enamorar a alguien, jamás pensé en ti, si, jamás pensé en ti, ni siquiera cuando las gentes tocaban a mi puerta, buscando referencias sobre tu casa, yo ni siquiera te recordé y todos se fueron sin saber de ti. Como podrás ver no movías nada en mí, ni siquiera regocijo sentía al verte, excepto aquel miércoles, el día que pasé cerca del viejo portón de tu finca, a lo lejos vi tu silueta, tu aire me inundo de alegría, sentía que ahogaba de placer, fue raro, recosté mi cabeza sobre la macana que sostenía el cercado, y puse mis brazos sobre el viejo alambrado, ya casi no puyaba de lo desgastado, a decir verdad fue lo que menos me importo, solo me detuve a observarte embelesado con el asiduo arreglar de tus flores, parecías benigna para ellas, tu su protectora y para mí como un ángel que adorar.
Perdóname, pase de ser un fantasma huyente de tu luz, ahora eres la creadora de mis sueños, y yo allí parado viéndote regar tu jardín, atravesaste mis ojos y desde entonces solo pienso en ti muy lentamente, y en las noches te dibujo dentro de mí, y en el alba te borro para volverte a dibujar en mi corazón al desayuno, ya la cuchara queda limpia en la cena, fría y celosa de que yo parafrasee cosas en mi mente, de esas que llaman amor, de esas que me hacen pisar charcos de agua como un niño y reír como un tonto al recordar tu sonrisa hasta que finalmente te abstraigo en la efímera imagen en la que siempre estamos juntos, unas veces sonriendo en el pastizal mientras esperamos el atardecer, otras veces riéndonos de lo más simple, como que tu gato en la noches se cree perro, pues le ladra las estrellas, y yo un gato que ronronea y hace piruetas al observar tu sonrisa; bendita sonrisa que ya me tiene loco, delirando y escribiendo locuras, ignorándolo todo, como un lucero en la esquina más lejana del universo, solo brillando por ti, viviendo para iluminar tus rosas, tus hortensias y lirios, alumbrando para que vivas junto a mí, arrancar de mi la timidez, derroche de humanidad limitada que me hace pensar que seré tu superhéroe eterno, que cuidara de ti en estas diatribas grises, aun cuando lo único que quiera es poder algún día morir a tu lado.
Y aquí me tienes, te escribí dos cartas, creo que las dejaré bajo tu puerta. Niña de mi realidad, anhelo ver tu rostro al leer la segunda, cuando por fin sepas quien soy.

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